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La expresión es un regalo de Dios que se nos ha sido otorgada con diversos fines. Dentro del teatro la expresión es impórtate pero hay que saber que para expresar algo, no sólo la boca tiene el oficio de hacerlo.
¿Cómo expresaría usted mi querido lector un sentimiento tal como la ira sin decir alguna majadería? ¿Cómo expresaría una felicitación sin pronunciar la palabra “Felicidades”? en eso consta el arte del silencio.

Dentro del teatro lagunero hay muchos exponentes de renombre pero no olvidemos que una de las bases del teatro es sin duda la pantomima.
Este bello y misterioso arte que permite al actor explorar y explotar sus funciones motrices para transmitir sensaciones, situaciones y sentimientos no cuenta con muchos actores que practiquen esta disciplina. Pero le puedo asegurar estimado lector que con los pocos que tenemos es suficiente para poder jactarnos al decirle a todo el mundo que tenemos a los mejores en esta materia.

Aun recuerdo la primera vez que lo vi, parecía un tipo simpático a simple vista pero tan pronto subió al escenario y pude notar que la atención del público estaba sobre él. El es lo que podemos considerar un ladrón audiovisual, pues con su sola presencia se roba ojos y oídos del publico quienes no le quitan su atención para nada. Con un dominio excelente de la técnica y una deliciosa gama de sonidos creados por su garganta El maestro Erón Vargas es sin duda un gran ejemplo de que la pantomima es un arte extraordinariamente bello.

Desde hace mas de una década, mucho más podría yo decir, me encantaba pasearme en la alameda los domingos y ahí, junto al lago me divertía contemplando el show de los mimos, mismo que lograba juntar una cantidad de gente para divertirse con sus ingeniosas rutinas las cuales al finalizar y al mero estilo del teatro popular callejero pasaban “la cachucha” y lo que fuera la voluntad del respetable para apoyar el esfuerzo de los actores urbanos que habían divertido al respetable. José Luis mejor conocido por sus amigos como “Sammy” es sin duda el maestro en estas líneas, que por amor a este arte se da su tiempo para compartirlo de una manera extraordinaria, como solo es lo sabe hacer, con la gente de la hermosa comarca lagunera.

La primera vez que lo vi, me quede sorprendido. Y no, no crea que fue en un escenario. Fue en un cafecito que se ubica por la segunda de Cobián. Fue su estatura la que me sorprendió pues sin duda una persona de su tamaño sobresale en todos los ambientes. La última vez que nos vimos me ofreció un abrazo. No nos conocíamos mucho, solo cruzamos un par de palabras en una ocasión pero aun así, su calidez humana seguía un ejemplo altruista regalando abrazos en el centro histórico de la ciudad. Un actor de mucha experiencia y con un gran ángel para convertirse en todo un personaje tan pronto termina el diseño de su peculiar personaje sobre el maquillaje blanco que cubre su cara. ¿Quién no conoce al mimo más alto de toda la comarca lagunera? ¿Quién no ha visto alguna vez como se deleita comiéndose el escenario con su agilidad en sus rutinas? (Extraordinario para un hombre que rebasa el 1.85 cm con facilidad) Cuando me lo presentaron me dijeron RAPEMI pero detrás de ese blanquecino rostro, sabía que se encontraba un buen amigo… su nombre Raúl Pérez Míreles.
Ellos son los maestros que ejercen y perfeccionan el hermoso arte del silencio, los invito a que se entreguen al acallado arte de la pantomima y disfruten de sus magníficas formas de expresar lo que siente el alma y el corazón.