Miguel Amaranto
ha muerto entre sus hojas
en medio de un cielo radiante
bajo un sol enmohecido.

Se ha ido con sus pasos
nadie sabe en qué sendero
perdió el destino
ni en qué luna
dejó las líneas que abrazaban con sigilo
a las pléyades.

Se ha ido
sin dejar amaneceres en blanco
donde se pueda al menos
recordarle un camino.
Nadie sabe dónde el mundo
ha envuelto su cuerpo.
Miguel Amaranto ha muerto
nadie sabe por qué abandonó su aurora
¡si hubiera esperado el crepúsculo!

Se ha ido
con sus manos llenas de amor y de gracia;
no olvidó llevarse al menos una estrella:
se ha ido con toda su luz
también se ha llevado la sombra.

Miguel Amaranto ha muerto
-dirán las estrellas-
en qué ojos nos veremos juntas.
Ha muerto
-dirán los crepúsculos-
en qué labios habitarán estos fuegos.

Ha muerto- cantarán los pájaros.
La sombra de la noche será un vacío.

Y yo estaré pleno
dibujando para ti paisajes en el cielo.