La familia, como expresión de relaciones sociales, tiene significados diversos aunque, ciertamente, puede existir un significado dominante, hegemónico según la sociedad de que se trate. Esto es que, por ejemplo en nuestro país, la idea de una familia compuesta por el papá, la mamá y los hijos (preferentemente dos, hijo e hija) es la idea dominante porque refleja la imagen que de la familia tenemos la mayoría de los mexicanos. Una idea cultivada desde la conquista por la iglesia y retomada hasta nuestros días por las diversas instituciones sociales. Una idea que considera que es el padre de familia el jefe de la misma, lo que le confiere su carácter patriarcal y autoritario, idea según la cual los hijos deben callar y obedecer y en la que la mujer, en su papel de madre y esposa abnegada, renuncia a sí misma y se considera “mujer realizada” una vez que se convierte en madre. Una idea de familia heterosexual, es decir, que inicia con la unión de un hombre y una mujer para procrear hijos; patriarcal porque la transmisión del parentesco es patrilineal, la autoridad máxima es el padre y se transmite, al menos preferentemente, al hijo varón mayor; misógina porque (como en el resto de la sociedad) se considera lo femenino como algo secundario en importancia (por decir lo menos) lo que se expresa cuando las oportunidades para estudiar, para heredar la tierra, se otorgan preferentemente a los hijos varones.

Esa es la idea dominante y lo ha sido durante muchos años, en todo caso ajustada a las variaciones relativas al número de hijos según la época, y según se viva en el campo donde el mayor número de hijos otorga ventajas o, si se vive en la ciudad donde las oportunidades (de vivienda, de estudio, de ingreso para alimentarlos) determinan la necesidad de “pocos hijos para vivir mejor”, como decía el eslogan de hace algunas décadas. Es la idea dominante pero no la única. Frente a la concepción hegemónica de lo que debe ser la institución familiar, existen otras perspectivas, otras formas de verla y entenderla. Otras formas de dotar de significado a “la familia”, formas ciertamente subalternas pero en paulatino crecimiento.
Sin embargo, la familia, como todo lo que los seres humanos generamos, se mueve, evoluciona, cambia. De manera que hoy en día podemos encontrar muy diversos tipos de familia que, sin embargo, no siempre son reconocidos socialmente y menos legalmente. Formas de familia subalternas que, sin embargo, de repente emergen con la suficiente fuerza como para disputar la hegemonía a la idea dominante, por lo menos en alguna parte del país. Es el caso, por ejemplo, de los avatares que en el Distrito Federal ha seguido la lucha por el reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo. Inicialmente, en diciembre de 2006, se establece la Ley de Sociedades de Convivencia según la cual se establecía la posibilidad de reconocimiento jurídico a la unión entre personas de diferente o del mismo sexo para establecer un vínculo de ayuda y cooperación común.
Esperen la próxima edición de abril…