Cuando la tradición es la guía para nuestras ceremonias y creencias religiosas es impresionante ver la similitud entre pueblos tan distantes como lo es India de México, hasta en las novelas de televisión que acostumbran acá detrás de las personas poner la escultura o el recuadro de aquella figura venerada para de una forma subliminal y así fomentar y sostener el culto de lo que por naturaleza no puede ser Dios, una mujer con una serpiente, o un poderoso con cara de elefante, o una estatua gigante con los brazos abiertos como abrasando y con cara de gato; cosas que retan a la razón y que una persona inteligente rechazaría de inmediato, pero en nuestro amado México si tienen rostro humano, ojos y manos como si fueran seres vivientes, boca tienen pero no hablan semejantes a estos en India que les ponen rejas y candados pero no es para que no salgan sino para que no entren los ladrones ya aunque se ven poderosos no pueden protegerse a ellos mismos.

“Al fin de cuentas qué similares son las reacciones de los que siguen la tradición religiosa”

Al transitar por los caminos y carreteras de India se ven estos enormes monumentos a esa tradición, les ponen flores los pintan color carne humana, y como que compiten para hacerlos más grandes que el anterior pero ninguno como el cubilete, quien vio sin ver a una multitud suplicante de favores nunca contestados, dice Barúc 6 “no los temáis al ver la turba que los adora, y di en tu corazón solo a ti Señor se debe adorar”.
¿Es mi intención faltar el respeto a la tradición de la India?. En ninguna manera, solo que al ver la similitud de ellas, cómo las llevan en hombros, y las ponen en lugares transitados, las usan como parte del escenario en los diversos programas televisivos, reflexioné en el origen de esas tradiciones que están presentes en Roma y por exportación llegaron a nuestro Continente, tradiciones milenarias que el tiempo, la cultura, el estudio y la razón no han podido desvanecer sino que siguen firmes observadas por gobernantes, catedráticos y personalidades de la más alta casta (que en México existe sin existir).
Este breve tratado escrito desde una mesa de hotel y enviado por los modernos métodos de telecomunicaciones, cumpla con su deber, abrir los ojos de los que si pueden ver y el entendimiento de los que si somos imagen pensante de un Dios único que nadie ha visto, pero que es y que desea que nosotros creamos en él sin ver, sino por Fe, y en lugar de compararlo con algo que nos imaginamos, lo tengamos en un altar interno sin rejas y candados siendo conocedores de que a él ni los ladrones ni los destructores le pueden dañar sino que al contrario el es el que nos da vida y nos protege en este largo viaje de 30 horas de camino en lugares donde no se habla ni español y muy poco inglés, solo Telugu pero el Señor Todopoderoso al que nadie ha visto ni podrá ver jamás nos guarde y actúe poderosamente en nuestro favor.