El pasado mes de marzo se estrenó en la ciudad de México el documental “Los rollos perdidos” de Homero Gibrán Bázan, el primer documental que rompe el silencio sobre el incendio de la Cineteca Nacional y las filmaciones secretas del 68. O por lo menos ese es el eslogan del filme.
Recordemos que en 1982 la Cineteca Nacional sufrió un terrible incendio, lo cual llevo a desparecer el 90% del acervo fílmico nacional, alrededor de unas 6,000 películas. El 24 de marzo de 2012 se cumplieron 30 años del siniestro ocurrido en Río Churubusco y Tlalpanen, donde actualmente se encuentra el CONACULTA; en dicho incendio se perdieron materiales fílmicos de directores tan importantes como Juan Orol “El rey del churro”, quien murió creyendo que su legado cinematográfico había desaparecido por completo. Como se muestra en la película “El fantastico mundo de Juan Orol”, recientemente estrenada en el Festival de Cine de Guadalajara, este director lloró inconsolable al llegar a lo que quedaba de la Cineteca, después del incendio, y ver que el trabajo de toda una vida habìa desparecido en tan sólo unas horas de fuego. Tiempo después prácticamente todo el material de Orol pudo ser rescatado, junto con el de varios directores más debido a que no sólo había latas de película en la Cineteca, sino que también se guardaban algunas copias en los Estudios Churubusco y en la Filmoteca de la UNAM, aunque no todas fueron rescatadas. En fin, Juan Orol murió creyendo que sus películas habían desaparecido para siempre.
El investigador, crítico e historiador de cine Jorge Ayala Blanco, una de las plumas más autorizadas y prestigiadas en México, en cuanto a cine se refiere, señala en el documental “Los rollos perdidos” a un único responsable, con cara, nombre y apellido llamado Fernando del Moral González, sí, “Delmo” como le dicen sus amigos, lagunero que coordinó la Cineteca Nacional en el período en que la cineteca se quemó.
Ayala Blanco dice que “días anteriores al incendio, llegaron del interior de la República materiales de nitrato, que es explosión. Para que haya una explosión de una lata, se necesita sobre todo convertirlo en algo cercano a la explosión desde un punto de vista físico-químico, no es más que un movimiento acelerado de moléculas. Los rollos habían llegado en camiones, o sea, se agitaron durante el transporte por tierra, esos materiales ya venían agitados y necesitaban una mayor aceleración de las moléculas, porque exactamente en el momento de mayor acción es cuando  estallan, y aquí fue por el ruido, el cual también agita. Y salió una lengüeta de fuego y después varias explosiones más de las latas, y en ese momento se inició el incendio”

Fue en la sala Fernando de Fuentes donde comenzó el incendio que después se esparciría a las demás salas de la Cineteca, quedando calcinada y con cifras extra oficiales de 8 personas muertas.

“El verdadero culpable sigue vivo, tiene nombre y apellido. Se llama Fernando del Moral. Esas declaraciones las he dicho a varios medios informativos y jamás han salido”, afirma Ayala Blanco.

Desde el día de su primer proyección la cinta de Gibrán Bazán levantó gran polémica debido a la investigación que el director realizó en primer instancia sobre el incendio en 1982 de la Cineteca Nacional, que después lo llevaría a descubrir unas filmaciones enlatadas de la masacre estudiantil en la plaza de las tres culturas en 1968.
El documental narra sobre las más de 8 horas filmación que se encontraban en la Cineteca sobre de la matanza estudiantil del 68 donde el director Servando González había sido contratado por el gobierno mexicano a cambio de 20 mil pesos para filmar una “manifestación estudiantil que sería dispersada con mano dura”. En dichas grabaciones participaron fotógrafos importantes como el mítico Alex Phillips. Dichas grabaciones eran exhibidas en la sala personal del entonces Secretario de Gobernación Luis Echeverría, quien tenía una particular manía por videodocumentar todo lo que fuera posible. Las grabaciones realizadas por Servando González se encontraban supuestamente en la Cineteca Nacional y se cree que el incendio pudo haber sido provocado para que ese material fílmico se perdiera para siempre, no importando destruir las más de seis mil películas que se encontraban en el lugar.
El restaurador y ex coordinador de la Cineteca Nacional Fernando del Moral en la pasada edición del Festival de documentales Contra el silencio todas las voces logró reunir las firmas de algunos documentalistas a su favor. Un día después, el 24 de marzo (aniversario del incendio), el director Homero Gibrán Bázan leyó un texto en el que dice que desea aclarar la polémica que se ha suscitado por su documental, ya que éste sólo busca recuperar la memoria sobre este tema ocurrido en México en la segunda mitad del siglo XX, el incendio de la Cineteca Nacional donde perdió más del 90% del acervo fílmico nacional.

Más adelante en dicho texto de Gibrán Bázan habla sobre Fernando del Moral:
“…traté de contactar al señor Fernando del Moral González, ex coordinador de la Cineteca Nacional, no en una ni en dos, sino en siete ocasiones, para solicitarle una entrevista sobre el tema del incendio de la Cineteca Nacional, solicitud para la cual recibí, no una respuesta de su parte, sino de quien se identificó como su apoderado legal, Eduardo Iduñate Ramírez, quien me dijo que su cliente no concede entrevistas sobre el tema solicitado. De esto dan cuenta las comunicaciones impresas que tengo en mi poder y que pongo a disposición de cualquier interesado”. (Gibrán Bazán, 2012)
En La Laguna del Moral también se ha visto involucrado en algunos casos escabrosos de películas, aunque no sea posible difundir las fuentes. En uno de estos casos, por ejemplo, se había firmado un convenio con la Cineteca Nacional para proyectar algunas películas en la comarca lagunera de forma completamente gratuita, a lo que del Moral no acató y cobró a las Universidades, donde se proyectarían los largometrajes, un monto de $25,000 pesos. O al menos eso es lo que relatan.
También se dice por ahí que del Moral pidió ciertas películas prestadas con la firme promesa de restaurarlas y después devolverlas, cosa que nunca ocurrió; películas como Que viva México! De Sergei Ensestein, Los olvidados de Luis Buñuel y un documental sobre el reparto agrario en La Laguna hecho por Lázaro Cardenas son algunas de las implicadas.
Escuetamente, el escritor Paco Ignacio Taibo II recuerda el momento en que Del Moral llegó de joven de Torreón para fundar un cineclub en la ciudad de México. “Un año y medio vivió en casa de sus amigos, hasta que después fue nombrado funcionario del Estado Mexicano. ‘Jamás nos volvió a saludar’”, dice.
Ya sea por negligencia o por verse orillados a causa del gobierno a desaparecer las cintas ocultas del 68, el incendio es hasta ahora un caso impune, en el que no se han fincado responsabilidades. Gibrán Bázan dice que propondrá 10 puntos ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados para que se reabra el caso “Cineteca 82”. Y mientras esto sucede la polémica, así como los dimes y diretes continuará entorno a este caso de total vergüenza nacional.