Es común que en el billar “el ocho negro” sea la bola más conocida, lo mismo ocurre en los naipes el As domina. Jaime Muñoz se convierte en un jugador que barajea, corta y reparte sus cartas, es el tahúr tabernero, que con un gabán extendido en la vil tierra se juega todo y así mismo asciende a las mesas de mármol con tapete verde, en donde Jaime demuestra que es más rápida la mano y la pluma que la vista. De pronto Muñoz Vargas con sus manos de tahúr reparte la baraja y nos da El Caballo de espadas, emulando a Martin Caballero y el Mendigo, aquella pintura del Greco y en su cuento corta su escuálido peculio para salvar a un desconocido, no basta esa baraja y llega el siete de espadas, ahora representado por un Gorila, su barajar cortante y acomodaticia de este personaje para ganar, perder o sólo traicionar el resto de la pandilla o la mano de cartas que se tenga.

El tahúr va a todas y a nada, porque  así es la vida – Cuento Uruguayo

Jaime emula a Alexei Ivanóvich (El jugador de Fiódor Dostoievski) y Muñoz Vargas en sus diez cuentos se juega como los tahúres, un destino incierto, cambia y apuesta luces y sombras en sus personajes con una estética literaria propia del repartidor en los casinos y sigue en esos renglones bien escritos, pero como son todos los juegos de azar y la vida misma llenos de incertidumbres, suertes, circunstancias y hasta casualidades. Esconde las Sotas, lanza el Rey de Oros con Don Isidro y sus Luces de encierro, lugar de libros que como los ases mata todo, la tristeza, la nostalgia y hasta la ignorancia.
Muñoz Vargas, cambia en cada partida dos o más naipes, juega el póquer abierto, enseña las cartas, es interesado como el que se puede tomar medio litro de vodka, sólo por el placer de no sentir placer, es la representación del caballo de Copas porque en él se pude cabalgar aún con el pensamiento nublado, medio litro de Vodka con el fin de esconder un secreto que deja de serlo cuando el interés se pierde, baraja que no le sirve de mucho al personaje de este cuento padrísimo, que al final pierde la partida. En el juego de póquer se tiene que blofear y con una frase en donde va de por medio la progenitora el personaje dobla a su contrincante aunque la indolencia del juego se dé y los protagonistas sean sangre de su sangre y uno gana la partida el ultimo, Hugo el humilde, sin dejar de ser ladino es el personaje de este cuento, quien saca el as de la manga y, la trampa para quitar dinero se completa.
Jaime remata sus cuentos como buen tahúr, con una jugada que mata todo—la flor imperial- incluyendo, dobla al padre hosco, lo hace que rompa record conviviendo con su hijo, sin embargo para eso se necesita más que una escalera de naipes en donde los profesores y hasta el director de la universidad, pasando por otras maestras le hagan ver que su hijo es un excelente estudiante, el padre ante esta jugada con cartas abiertas, ya no va y sus tercias o pares nada tienen que hacer. Las manos del Tahúr desentrañan los intrínsecos laberintos de la conducta humana, sube callejuelas y baja callejones sin salida, en encrucijadas inciertas, como la misma vida y los juegos de baraja o dados, inclusive de cualquier ruleta, en que se juegan secretos, obsesiones, fantasías, se mata la soledad y se revive la nostalgia. De pronto aparece la sota (jota) de oros, la mentada “Yoka”, cuando el protagonista está perdido y escribe el epitafio, es un réquiem que viaja en el naufragio descarado, cruel, pero como todos los personajes de Muñoz Vargas en “Las Manos del Tahúr” son de carne y hueso y nacen o mueren a la vuelta de la esquina, para resucitar en los renglones perenes que este gran escritor con sus relatos (10) lleva a cabo con una depuración y estilo estético. Me gusta la escritura del lagunero porque no obedece normas literarias, el sólo se condena a no vivir de los demás, sino a ser él. Hace en este libro de la literatura una defensa contra las ofensas de la vida, se defiende de lo que le aburre, de lo que le tortura y hasta del repudio y si usted lee este buen libro ve que Jaime Muñoz Vargas es humilde y no peca como muchos otros de grandilocuente, Jaime usa trucos lúdicos (engaños) bien empleados y permitidos en la literatura, también juega con sofismas, esas mentiras/trampas, que todos llevamos dentro y tan usadas en los juegos de nuestra propia vida.
LIBRO:
Las manos del Tahúr… (10 cuentos) Autor; Jaime Muñoz Vargas. EDIT. Biblioteca de cuento contemporáneo…