En 1999, la Comisión Nacional para la Educación, de la UNESCO, se reunió para definir las particularidades que deberían tener los futuros ciudadanos del planeta; habilidades y destrezas que les permitieran subsistir como individuos y aportar a las sociedades en que ellos se desenvolvieran.
Jacques Delors, fue comisionado para formar la Comisión Internacional sobre la Educación del Siglo XXI, considerando que el avance en tal propósito sería muy difícil de evaluar y a partir de entonces se buscaron instrumentos que permitieran cuantificar, al menos, los avances de cada país.
Así nació la prueba PISA y en México se aplica dicho instrumento que ha marcado un avance, aunque lento, pero constante.También se definió al niño y joven que deberían estudiar y prepararse para ser útiles en la sociedad del siglo XXI, definiendo cuatro pilares fundamentales de la educación:
Aprender a conocer: tener elementos del conocimiento para tomar decisiones y definir acciones con base en ese saber. Una sólida escuela básica y media superior serán muy importantes para lograr el objetivo.
Aprender a hacer es el segundo pilar: se refiere al desarrollo de las capacidades de las personas para tener qué aportar a la sociedad en que se encuentre inserta; es decir: tener capacidad de ejecutar tareas de un oficio o profesión.
Ahora se busca desarrollar habilidades y competencias para el trabajo; que esos ciudadanos aprendan en la escuela cosas útiles y aplicables en la vida cotidiana para atender necesidades de la sociedad.
Tan simple como que un plomero o un electricista sepan instalar o reparar y que sean eficientes y eficaces en responder al pedido de sus servicios; para el caso de los profesionistas, que hagan su trabajo en forma adecuada y que resuelvan el problema por el que acudieron sus clientes o consultantes.
El tercer pilar se refiere a las cualidades de humanos: que los niños y jóvenes aprendan a vivir juntos y en armonía, buscando alcanzar la paz social a partir de la concordia y el respeto a las personas y sus posesiones.
Por último y no menos importante, aprender a ser, en el sentido de encontrar el verdadero valor de las personas como entes independientes, parte de una sociedad identificada por los mismos principios culturales, en una humanidad orientada adecuadamente hacia el bien común.
Siendo quizá el más importante, también es el más difícil de lograr; se trata de que cada quién alcance la verdadera libertad de ser, independiente, libre y con las facilidades necesarias para poder definir el cómo y hacia adonde quiere encaminar su vida.
Hablar de la libertad es un “Diálogo” aparte, baste escribir que es libre quién menos dependencias tiene y que el mundo posmoderno busca, precisamente, quitar esa posibilidad a los individuos, para transformarlos en esclavos consumidores. Me temo que lo están logrando.
Para alcanzar esos cuatro grandes objetivos, pilares del hombre del siglo XXI, habrá que agregar otras particularidades, tales como:
Tener la capacidad de poder enfrentar exitosamente las situaciones que se les presenten en la vida; positivas o negativas.
Aprender a resolver conflictos, sean laborales, sociales o familiares; también los casos de cuestiones éticas o morales en el seno familiar o en la vida personal. Resolver sus problemas, son capacidades de las personas triunfadoras del presente siglo.
Aceptar y respetar a los demás, con las diferencias que marquen las culturas o los ideales dictados por las costumbres y religiones. Terminar con las definiciones de islamitas o cristianos; occidentales u orientales; sajones o latinos; ricos o pobres, etc.
El desempeño social, con base en el respeto a los demás, dará la pauta para la concordia y paz social.
Aprender a desarrollar la comprensión mutua, entre unos y otros, aceptando que “cada cabeza es un mundo” y que no todos tuvimos el mismo desarrollo infantil o de adolescencia y de educación, oportunidades en una cultura igual o similar.
Aplicarse y aportar, empezando con el esfuerzo propio, hasta alcanzar la paz verdadera, esa que permita desenvolverse en una cultura y vida común de seguridad y tranquilidad.
Aprender a ser autónomos, no solo independientes en términos materiales; además, poder alcanzar por si mismos los objetivos que marca la vida a cada quien y, en todo caso, ser capaces y estar dispuestos para aportar ayuda a los demás.
Tener capacidades de juicio valoral para definir entre lo bueno y malo, conveniente e inconveniente y actuar en consecuencia, siempre respetando el derecho de los otros.
Ser responsables en el desempeño personal, cumpliendo las expectativas que de él se tiene en la esfera familiar, social y/o laboral.
Tener ganada a pulso la confiabilidad.
Además: promover el cuidado y preservación de la ecología; aprender a ser subsidiarios, solidarios, tolerantes y comprensivos. Por último, defender y promover su cultura.
Buen reto para todos, que debemos asumir de inmediato. ¿Usted qué opina?