El agua es fuente de vida, líquido vital y elemento maravilloso que continúa asombrando a los seres humanos. Sus transformaciones nos deslumbran, y sirven como basamento de inspiración en la creación artística. Los artistas nutren sus creaciones influidos por el sonido, belleza y tranquilidad que el agua transmite en su devenir en forma de arroyo, cascada, río, lluvia, lago, mar.

El agua es un elemento esencial para la vida, es un derecho humano universal. El agua es esencia y fuente de vida en nuestro planeta, es patrimonio común y una responsabilidad casi sagrada.

Toda manifestación artística es un componente de la cultura, su desarrollo responde a la evolución histórica de los pueblos, reflejando las ideas y valores inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo.

El arte en la antigüedad poseía un componente ritual, mágico y religioso. En tiempos remotos, el hombre expresaba su admiración y encanto por este maravilloso líquido. En la sociedad moderna su función se ha ido transformando, adquiriendo ahora un mayor componente estético y mercantil.

El agua ha sido fuente de inspiración para compositores de todos los países y de todas las épocas, los cuales se han inspirado en el agua para deleitarnos con sus creaciones musicales que nos hablan de ríos, de lluvia, de mares.

Sin embargo la música creada por el hombre por más bella que sea, no podrá sustituir al discreto encanto del fluir del agua en los arroyos, al grato sonido de la lluvia, o al relajante gozo de escuchar el armonioso desplazamiento del líquido danzante en las fuentes de las plazas, o al tempestuoso sonido de las olas chocando contra las rocas.

Es realmente placentero percibir el sonido del mar, el rumor de una cascada, o el goteo de la lluvia nocturna precipitándose sobre el techo de la casa. Aunque, claro está, la musicalidad del agua no siempre es apacible, a veces se torna furiosa y frenética, como cuando se trata de tifones o huracanes.
El sonido del agua es sagrado, la vibración y la energía transmitidas por el agua son sinónimos de vida.

En el campo de la música clásica, el agua es un tema que tiene una gran tradición: compositores como el austriaco Johann Strauss («El Danubio Azul»), el francés Maurice Ravel («Juegos de Agua»), el inglés Edgard Elgar («Estampas Marinas»), el alemán Richard Wagner («El Holandés Errante») y el francés Claude Debussy («El Mar») le han dedicado grandes obras orquestales. Destacan también dentro de esta temática las famosas piezas de los alemanes Georg Philip Telemann y Georg Friedrich Häendel –tituladas ambas «Música Acuática»- , y nuestro insigne compositor mexicano Juventino Rosas con su inmortal vals “Sobre las olas”.

En el ámbito de la música popular, resulta imposible inventariar el gran número de canciones que le cantan al agua entre las que destacan las interpretadas por Joan Manuel Serrat (Mediterráneo, Cerca del agua y El Hombre y el agua), Ana Belén (Planeta agua y Niña de agua), León Gieco (Río y mar y Que se viene el agua), Magos Herrera (Agua), Café Tacuba (Agua), Los Piojos (Agua), Bomba Estéreo (Agua Sala), Jarabe de Palo (Agua), Babasónicos (Montañas de Agua), Los Van Van (Agua), La Gusana Ciega (Entra en el Agua), Lila Downs (Agua de Rosas), y los músicos laguneros de Espina y Jugo (La Vida de Todos) y Gato Fuentes (Laguna de Mayrán)

La música del agua es anterior al ser humano; sólo de nosotros depende seguir escuchándola. Nos corresponde reflexionar sobre qué podemos hacer cada uno de nosotros para conservar este recurso tan importante y permitir que las generaciones futuras sigan sabiendo lo que es un río, la lluvia, el mar y el rocío y así puedan disfrutar plenamente del agua, de sus sonidos y de la música que en ella se inspiran.

Dentro del campo literario, mediante la poesía los poetas expresan sus ideas y emociones que reflejan su visión del mundo. El agua no puede faltar en el ámbito poético; el agua es belleza, inspiración, paz, tranquilidad, sustento. Fuente de vida, riqueza, abundancia. Su escasez produce penurias, muerte, enfermedad, luchas y enfrentamientos.

El poeta mexicano Juan José Tablada, en un espléndido Haiku nos dice: “La gota de agua / cayendo, cayendo, / se sueña Niágara”. De igual forma el poeta japonés Io Sogi nos regala este Haiku: “No es que atardezca / es que la lluvia es noche: / otoño en la ventana.” Deslumbrante también es el Haiku de Yosa Buson: “Un aguacero: / se agarran a las yerbas / los gorriones”.

Entre los poetas que han incorporado el elemento agua a sus poemas encontramos a Gabriela Mistral, Miguel Hernández, Fernando Pessoa, León Felipe, Octavio Paz, Juan Ramón Jiménez, Amado Nervo y Federico García Lorca.

El Antropólogo mexicano Armando Bartra en su ensayo La Muerte del Agua nos advierte: “Porque el agua que sabe a nada, que huele a nada, que tiene forma de nada pues se acurruca en sus recipientes; el agua que es tan sólo agua y no se parece a cosa alguna, es por fuerza un espejo, un espejo de agua que nos devuelve nuestra verdadera faz”.