En el mensaje dominical del Domingo 9 de septiembre en el Semanario desde la Fe, que se distribuye durante la homilía del Cardenal Norberto Rivera Carrera, se establece que en el discurso presidencial hubo dos omisiones que se ubican en la base de la injusticia social y de muchos otros males, como la indolencia gubernamental hacia a los problemas del campo mexicano y nuestros campesinos, la mayor parte de ellos sumidos en la miseria, aliviados apenas por programas más electoreros que impulsores de un verdadero desarrollo como pro campo. Se refiere también a la falta de una reforma a fondo del sistema judicial, una de las instituciones más deficientes y corruptas del país.

Flaco favor le hace a Enrique Peña Nieto en su reciente asunción al poder Presidencial, donde la Iglesia Católica de frente y sin ambages le hace señalamientos tan drásticos como los que hemos referido: el hambre y la injusticia social. El primero se debe a la incapacidad de los gobiernos neoliberales que han obedecido a los dictados del Fondo Monetario Internacional, donde lo que importa es salvaguardar la estabilidad de las monedas y las utilidades para los grupos económicos más importantes, que realizar un autentica política social que se acerque a las grandes mayorías con respuestas que coadyuven a la solución de sus difíciles problemas.

La cruzada contra el hambre, por si solo el nombre resulta pedante y le queda la grave responsabilidad a la Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga en dar respuestas con proyectos productivos, capaces de generar riqueza y no el reparto indiscriminado de despensas y cobertores; pero aun más todavía la autorización de proyectos que bajo el auspicio de SEDESOL, múltiples organizaciones, que se dicen al servicio del campo reciben apoyos de miles de millones de pesos, sin que estos lleguen a manos de los necesitados.

Vivimos el drama doloroso de un país donde la polarización de la riqueza ha propiciado que de los recursos destinados a abatir la pobreza que son aproximadamente 273 programas sociales no hayan generado mejores condiciones de vida, debido al clientelismo político.

Por estas razones no deben extrañarse los políticos actuales las series de desmanes que se cometieron en 1 de diciembre del año en curso, pero lo más grave es que en medio de todo este fenómeno social, si existen grupos anarquistas y guerrilleros que son parte ya, de una revolución social silenciosa que se ve diariamente en los múltiples asesinatos, que bajo de la excusa del narcotráfico, se encubren sin rubor alguno. Una más de las causas de la multiplicación del hambre y la proliferación de la pobreza es la falta de oportunidades de empleo; 4 de cada 10 mexicanos no lo tienen; y esta cifra se mantiene desde 2007 de acuerdo a la encuesta nacional de trayectorias laborales elaborada por el INEGI; y por si todo esto fuera poco 64.5% percibe 3 mini salarios y de los 48 millones de mexicanos que cuentan con empleo, poco más 14 millones lo tienen porque laboran en el sector informal, generando su propia forma de auto subsistencia.

Información proveniente de la ONU, indica que México ocupa el lugar 103 de 126 países estudiados en cuanto a la brecha de ingresos, la cual es cada día mayor; como dato adicional podemos decir que en el 10% de los hogares mexicanos se concentra el 39% de los ingresos; con lo cual la desigualdad es equiparable a los países más subdesarrollados del orbe terrestre. Más la iglesia en su mensaje oficial, no deja de lado al renglón de impartición de la justicia, que desde la Suprema Corte de Justicia, hasta los Tribunales Estatales, es de todos sabido que la justicia se vende al mejor postor, esta es una de las razones por las que hambre e injusticia son vectores que poco ayudan para sacar adelante al país, recordemos los recientes casos de jueces asesinados y de Secretarios de Juzgados encarcelados porque se les han descubierto cuentas multimillonarias.

La llamada Comisión Nacional Anticorrupción, que todavía no da muestras de su nacimiento, de poco ha de servir si el Ejecutivo Federal, carece del valor suficiente como para enfrentar a los enemigos de México; es necesario que recuerden que en el están cifradas las esperanzas de los marginados; ojala y no caiga en la costumbre sempiterna de formular discursos bellamente elaborados, pero sumamente alejados de la grave y difícil situación que vive el pueblo de México, donde el salario cada día se aleja más del cumplimiento de los mínimos de bienestar. No nos lamentemos mañana de nuestra irresponsabilidad que es colectiva.