“El escrito no lleva un propósito de juicio sino de reflexión, una guía en donde solo la persona dueña de su Voluntad, puede actuar de acuerdo a su deseo individual, intimo y exclusivo, ni el ser más querido y cercano puede entrar en esa zona que se llama la responsabilidad”

Palabras tan sencillas y a la vez con tanta sabiduría, cualquiera puede comprender el significado de ellas, sin importar edad o conocimientos, que difícil es poder con una sola frase alcanzar a tan variado grupo de personas, y en esta máxima, se habló, a toda la humanidad, dando una herramienta no de juicio sino de reflexión, para que a la hora del juicio, que ciertamente vendrá, y no me refiero al justo juicio divino, sino a el resultado de nuestra vida, quitará toda duda del motivo de ese resultado negativo. No creo que exista persona alguna que ignore quien es el autor de esta expresión y el motivo con que lo predicó.

Pensamos en el niño que al ver un árbol frutal, tratamos de convencerlo de que es un manzano, pero aún a su corta edad; replica “no ese es un limón”, y no existe forma de convencerlo de lo contrario por más habilidad que tenga el elocuente orador. De tal manera que vemos en esa ley inquebrantable, lo que el hombre siembra esto también cosechará.

Sin penetrar en filosofías o religiosidades, (que sería muy bueno que todos lo hiciéramos), con tan solo pensar en lo que podemos ver y constatar con nuestros sentidos y nuestros razonamientos humanos veríamos que hay una perfecta relación en quienes somos y lo que hacemos, es común ver el gran esfuerzo que se hace para tratar de aparecer ante los ojos de los que nos rodean, una figura distinta a la real, y mostrar una cara que no es la verdadera, pensando que con esa mascara podemos engañar a los demás, pero tarde o temprano comienzan a salir no las flores bellas y delicadas sino los frutos agrios y desagradables, unas veces en el interior de la familia y otras hasta en la salud de nuestro cuerpo que demeritada por los excesos y el descuido, afloran impetuosamente y muchas veces sin remedio alguno.

El caso del médico, que aconsejó a sus pacientes

acerca del cuidado en contra los problemas pulmonares y al mismo tiempo con la otra mano sostiene un cigarrillo que inhalando constantemente, (para calmar los nervios) le obtiene lo que tanto cuido en sus pacientes, aquella enfermedad, que de por si, por los contaminantes del ambiente todos estamos expuestos a adquirir, pero que elevando las probabilidades por ese llamémoslo vicio que en algunas sociedades ya lo están expulsando por fuerza de leyes, que impiden su consumo en lugares públicos, y hacen más difícil que las personas los adquieran por medio de impuestos y reglamentos de edad minima, y el buscando maneras, en esa molestia de ser impedido en su libertad, finalmente logra métodos para quebrantar esas reglas y conseguir su preciado pero desagradable fruto.

Sabios en el cocimiento, pero necios en la conducta, sería muy saludable que todos nos detengamos a observar los frutos, que cuelgan de nuestras frondosas ramas, y los analicemos en una reflexión meticulosa, imparcial, y haciendo un profundo análisis antes de llegar la cosecha y que sea irremediable el resultado, busquemos métodos para mejorar esa producción que de natural saldrá de una forma o de otra y eso depende directamente de nuestra voluntad, no vamos a poder culpar a nadie, ni a la sociedad, ni a nuestra familia

(Antecesores), ni al estrés de la época, solo nosotros llevaremos el triunfo o la derrota, el éxito o el fracaso.

El escrito no lleva un propósito de juicio sino de reflexión, una guía en donde solo la persona dueña de su Voluntad, puede actuar de acuerdo a su deseo individual, intimo y exclusivo, ni el ser más querido y cercano puede entrar en esa zona que se llama la responsabilidad.

A veces se cree, que en el caso del hombre, es una predestinación ajena a la voluntad la que ocasiona los resultados o que algún astro que al estar en determinada posición el día de nuestro nacimiento se convirtió en una estrella de mal agüero, nada mas lejos de la realidad, nosotros somos los que hacemos el árbol bueno y su fruto bueno ó…

Con veracidad se dijo; “El hombre es el arquitecto de su propio destino”.

El tiempo vuela y cuando menos nos damos cuenta los años pasaron y los resultados están a la vista, aprovechemos bien el tiempo que los días son malos, y con mucha dificultad el que desea hacer lo correcto se podrá salvar de esta influencia nociva, pero está en nuestras manos el salir victoriosos, y así no solo nosotros, sino nuestros descendientes, tendremos un granero lleno de aquel producto, dulce, agradable a los hombres y a Dios.