La vida se trata de ser protagonista; no de hacer un papel secundario. Y eso no tiene nada que ver con que te hayan rechazado o con que te hayan ignorado, sino con que te atrevas a ser la protagonista de tu vida.

El rechazo es un mito; en realidad el rechazo no existe. Por ejemplo: si llamo a alguien y no me responde, y digo “no me miró; me está ignorando.” Si le pregunto a alguien: “¿me invitas a cenar esta noche?” Y me responde que no, ¿qué es lo que perdí? Si antes de preguntarle no tenía a nadie con quién cenar, y me dice que no,  estoy igual que antes; o sea que no perdí nada por ese no. Si un hombre te invita a salir, y después no te vuelve a llamar ¿perdiste algo? Antes estabas sola, y ahora sin él ¿no estás igual que antes?

Cuántas alguna vez tuvieron la sensación de que alguien las estaba rechazando, que no les daba importancia, las ignoraba.

O sea que no perdiste nada. El rechazo no existe. Si vas a una entrevista laboral y no te dan el trabajo, ¿perdiste algo? Antes no tenías trabajo, ahora estás en la misma situación que antes. El rechazo no existe.

¿Cuál es el problema del rechazo? ¿Cuál es el problema cuando te dicen que no? ¿Cuál es el problema cuando te ignoran? El problema es el diálogo interno que empieza a producirse en tu cabeza, ese es el gran problema.

El problema no es el rechazo o que alguien te ignoró; no es la situación en sí, sino lo que te hablas internamente. Todas las preguntas que nos hacemos después que una persona –una pareja, una amiga, un jefe–nos dijo que no a algo, son dolorosas según cómo recibo yo esas palabras. Porque hay un secreto: cuando te atacan un área, esa área es la más fuerte de tu vida. Cuando puedes empezar a pensar positivamente sobre ese aspecto, cuando puedes empezar a pensar con pensamientos cariñosos hacia tu vida, entonces te vas a dar cuenta que puedes transformar todo rechazo en una buena oportunidad.