La aguda crisis ambiental por la que atraviesa la región lagunera, propiciada por la instauración de un modelo de desarrollo profundamente depredador del medio físico, ha desencadenado una secuela de incremento desmesurado de todo tipo de enfermedades perniciosas como el cáncer en todas sus modalidades, el lupus, la diabetes, la hipertensión, las alergias, entre otras enfermedades. Ha generado también la paulatina perdida de la biodiversidad, la desertificación silenciosa, la contaminación del aire suelos y aguas. Todo ello afecta sin duda a la población lagunera, que ahora ve como a la crisis ambiental se suman otras crisis igual o peor de dañinas como es la inseguridad y la recesión económica, con sus acompañantes igualmente perniciosos de desempleo, inflación y pérdida del poder adquisitivo de la población.

Que nos toca hacer a los simples mortales laguneros frente a la avalancha de negros nubarrones que al materializarse nos pegan en donde más duele, en nuestra salud y en nuestros bolsillos, y que poco a poco tienden a minar nuestra esperanza. Hay mucho por hacer, no cabe duda, un campo fértil y noble que nos ayuda a la reflexión y a la recuperación de la esperanza es el de la literatura, entendida esta de acuerdo a Román Jakobson como “aquel lenguaje literario estilizado y trascendente, destinado a la perdurabilidad, muy diferente de la lengua de uso común, destinada a su consumo inmediato (…) El lenguaje combinaría recurrencias (repeticiones) y desvíos de la norma para alejarse de la lengua estándar, causar extrañeza, renovarse, impresionar la imaginación y la memoria y llamar la atención sobre su forma expresiva”.

Van pues, algunas ideas plasmadas en microrrelatos, poemas y haikus, de literatos renombrados, y de quien escribe estas líneas, que intentan aproximarnos amigablemente al medio ambiente, contribuyendo con esto a la reflexión sobre su deterioro, mismo que no tiene para cuando ser detenido, ni revertido. Pero como la esperanza muere al último, la ciudadanía igualmente siempre tendrá la última palabra.
Relato

Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
(Julio Cortázar)

Haikus
El Haiku es una de las formas poéticas más conocida de la poesía japonesa. Tradicionalmente está formada por tres versos de cinco, siete, y cinco sílabas respectivamente. No suelen tener rima. Y con frecuencia abordan temas importantes como la naturaleza, la vida y la muerte. Suelen ser concisos, y verdaderamente intensos.

Un aguacero:
Se agarran a las yerbas
Los gorriones.
Yuso Buson

Aroma de aguas:
Inútil ya cortar
un crisantemo.
Matsuo Basho
Poema

Caudal
El agua es inodora
en las botellas
pero el arroyo huele a yerbas
cortadas, tierra suelta,
raíces desasidas,
tréboles en la boca,
nubes idas.
Palíndromo
La sed
Sólo diré: vaya edad anómala.
Leer es ser árbol a mi modo,
todo mi mal obrar es.
Seré el álamo.
Nada de “ay, a ver” —ídolos de sal—.
Aurelio Asiain

Microrrelatos

Las pozas de Cuatrociénegas
Era la poza más grande y la más orgullosa. Sus hermanas le aguantaban resignadamente sus poses aristocráticas. A últimas fechas notaron que algo le pasaba, ya no era la misma. Ellas también se sentían extrañas. Después de miles de años de existencia, una extraña enfermedad las consumía. Estaban muriendo sin comprender las “benéficas” leyes del libre mercado.

El cerro negro
Ella vio nacer el cerro negro. Desde la ventana contemplaba su evolución. Día tras día, piedra tras piedra, el mineral de deshecho acumulado fue creciendo. Ella también crecía, como crecían los microorganismos que poco a poco alterarían el funcionamiento de su cuerpo.

(Luis Felipe Rodríguez)

Haikus

El Nazas

El Nazas muere,
las aguas prisioneras
se alborotan.

Flor de cactus

Y resplandece
enmedio del desierto,
la flor del cactus.

Mezquite

En el desierto,
un mezquite aguarda
su transformación.

Cuatrociénegas

Cuatrociénegas:
las pozas milenarias
nos recuerdan la vida.

El árbol seco

El árbol seco
postrado en el río,
nos mira triste

Viesca

Los manantiales,
remansos del pasado.
Ya retornarán.

(Luis Felipe Rodríguez)

Breve ficha:
Luis Felipe Rodríguez
luferod@hotmail.com
Economista. Nació en Torreón, en 1956. Ha publicado en Estepa del Nazas, Luna de Enfrente, Acequias, Kiosco, Entretodos, Política y Sociedad y Edúkt.