Dentro de un análisis histórico podemos decir que los arquetipos encaminados a definir la feminidad y la masculinidad, a lo largo del los siglos transcurridos, suponen un tipo ideal de mujer y hombre según la vertiente ideológica que se viva.
Para entender el concepto de belleza debemos enfatizar que se trata de una cualidad abstracta y subjetiva, que produce la sensación de placer y procede al observar un objeto o persona, pero también hay que reconocer que esta sensación procede de un modelo interiorizado de belleza.

Las interacciones en la sociedad entre hombres y mujeres, ubican a la mujer como objeto de satisfacción sexual y erótica; La mujer es de los otros y para los otros (Lagarde, Marcela) ésta idea permite y acepta las condiciones culturales, económicas y sociales de desarrollo como genero.
Como referencia Berger y Luckmann señalan que “La humanidad es variable desde el punto de vista socio-cultural, el hombre se produce a si mismo” con ello mediante el lenguaje y los procesos de socialización. Así como los medios de comunicación se internalizan los estereotipos de género con toda la carga cultural-ideológica, creando una identidad general (ídem).

Identidad y personalidad que el mercado se apropia para la reproducción de estereotipos que conviven dentro del orden social. Esta interpretación que se hace de lo bello simboliza más de lo que pudiéramos distinguir sin un conocimiento amplio del tema. Lo importante aquí es recuperar la información y analizar los significados, por que así y quién los implanta.
En una lógica de consumo este concepto abarca una gama de posibilidades de hacerse bell@, debido a la infinidad de productos para eso, y rescataríamos que en conjunción con la mercadotecnia estos estereotipos sólo venden la imagen que nosotros compramos y externalizamos mediante nuestros actos de comprar esta feminidad y masculinidad, dejando fuera lo que en verdad interesa, el desarrollo de las capacidades de mujeres y hombres.

Pero la dominación masculina (Bourdieu ), hace de la mujer un objeto simbólico, alienando mediante la apariencia, reconociendo que los medios de comunicación y la cultura de masas han transgredido y violentado simbólicamente a la mujer en mayor medida que al hombre. El consumidor ismo sólo termina alentando a los hombres a esperar que las mujeres lleven los últimos adornos de la esclavitud sexual.
Porque ser mujer va más allá de ser sumisa y la feminidad es más que una talla cero. Así como la masculinidad engloba una responsabilidad con los demás hombres y con las mujeres a cambiar las conductas patriarcales de dominio. Y despojar con ello del poder que se adjudica y con justa razón el sistema capitalista, como lógica el consumo de todo lo que se pueda vender, aunque sea el cuerpo humano.