Da la impresión que el título de este artículo, separe o divide al docente en su práctica educativa; por un lado, se dedica a aplicar estrategias de aprendizaje de acuerdo a las materias que imparte, y por el otro, es docente para estar o enseñar las cosas o fenómenos que se presentan en la realidad de la vida cotidiana, si es que se aplica en este asunto en su clase. Como que son dos cosas diferentes.
Si no se aplica, no es culpa del maestro; pues la administración escolar le exige, a través de los supervisores o subdirección académica que maneje su programa tal y como está dosificado en el cronograma. Por ende, el tiempo limita la labor docente; y debe desarrollar el programa como si fuera de mantequilla, cuyo cuerpo es homogéneo.

La realidad es otra, el grupo de clase es heterogéneo en su avance de aprendizaje; ya sea porque algunos alumnos vienen bien preparados pues tuvieron buenos maestros en los grados precedentes, o también porque en sus hogares, de acuerdo a su status se alimentan bien, entre otros; ¿pero qué tal cuando no es así? El docente en los grados superiores se le dificulta conducir el avance uniforme, tiene que hacer retrocesos en el desarrollo del programa; pero esto no lo entienden las autoridades competentes, si es que no se aplican en su labor de observación en la caja negra del currículum.

Al respecto, es necesario meditar esta actitud que se presenta en el salón de clase; pues al eliminar la heterogeneidad, destruimos, avasallamos, damos muerte a ese ser -esencia de la existencia-, que Dios nos dotó al nacer; tal y como hicieron los españoles al conquistar México, homogeneizaron esa heterogeneidad que había en los grupos étnicos autóctonos, en su lenguaje, religión, educación, cultura, entre otros. Por lo que la vocación y amor del docente, llama a ingeniárselas para indagar mecanismos, criterios y no llegar a esos extremos.

Es menester, pues, que el maestro en su quehacer docente tiene que inspirarse, extraer de su interior, las formas para aplicar su estrategia de aprendizaje en un grupo heterogéneo. Debe actuar con inteligencia, ética y autocrítica, para que se cuestione así mismo su práctica educativa. Observando los resultados del proceso de enseñanza-aprendizaje, en cada uno de sus alumnos. Es obvio que esto exige tiempo y este factor tiene que considerarse en el cronograma; y lo debe estimar críticamente el supervisor; porque deben aprehender, que no se está trabajando con máquinas, muebles u objetos, sino con seres humanos que se les debe respetar su diferencia, identidad y dignidad; por eso, ¡somos irrepetibles y únicos!

Antes de iniciar el curso debe hacerse una evaluación diagnóstica, que quede claro, ¡no medición! con el fin de tener un conocimiento más aproximado de la realidad de todos y cada uno de sus alumnos. Esa evaluación debe aplicarse con amor, pues ésta no va enfocada nada más a la preparación académica, sino también al estado físico, emocional y espiritual de cada uno de ellos. Los sentidos de su cuerpo deben estar funcionando correctamente -ojos, nariz, oído, gusto y tacto-, y encontrar regularidades o deficiencias en éstos. En el estado emocional y espiritual, deben detectar los niveles de autoestima, ego y actitudes; así como también, los niveles de nutrición, de acuerdo a la manifestación de su físico y la ingesta de su alimentación. Los resultados de esta evaluación, deben dialogarse con los padres de familia, para poner remedio lo que a ellos les compete.

Este tipo de evaluación tiene que estructurarse para cada grupo; y la temática de la misma, debe colegiarse en las academias escolares, en la cual, la presencia del director es imprescindible. Pues la aplicación de esta evaluación y su procedimiento de regularización de acuerdo a los resultados, exige un tiempo –quince días, un mes -, antes de iniciar los cursos. Por lo que debe tomarse un acuerdo escolar y presentárselo a la autoridad competente para su aprobación y autorización.

Terminado este proceso evaluativo, se está en posibilidad de iniciar su trabajo docente con amor, para que articule, combine, los temas académicos del programa con la vida y la realidad circundante. Ejemplo: si estamos en las operaciones básicas de aritmética, relacionarlas con la compra-venta de mercancías en forma simulada, extraer la superficie del salón de clase o de las piezas en que está conformado su hogar del alumno, entre otros. Si estamos en lectura, leer en voz alta párrafos de un periódico, revista o de un libro, y extraer conclusiones de lo leído.

El docente puede y debe, sin alejarse del programa, relacionarlo con la realidad, no encasillarse en el mismo, dejar tareas que vean o lean en la televisión o en la prensa respectivamente, alguna noticia relevante: un sismo en tal lugar, violentas manifestaciones en otro, corrupción y fraudes en la política, drogadicción, niveles de pobreza, cambio climático, entre otros; y estos temas se pueden articular a la temática del programa de historia, sociales, civismo, geografía, ciencias naturales, entre otros. Y así, el alumno a la vez que está aprendiendo en forma crítica sus conocimientos, se está enterando de lo que acontece en el mundo, en la vida. Esto es, en forma holística ¡Así es como concibo un maestro de aula y de la vida!