El género cinematográfico del Western empezó en 1903 con el estreno de la ya clásica película El gran robo del Tren, de Edwin S. Porter. Obra fundamental que no debe de faltar en el acervo de los amantes del séptimo arte, sobretodo de aquellos fans de las “películas de vaqueros” como también se le denomina en México a este género de la industria del cine.

Porter nos muestra en esta película algunos elementos básicos que van a caracterizar al Western; armado con un buen argumento de ficción, el director emplea el montaje paralelo para crear la atmósfera adecuada para lograr atraer al espectador y mantenerlo al filo de su butaca, aunque la acción suele transcurrir de cara al público, se observa un uso narrativo de la profundidad.

La última escena de la película de Porter marcó un hito en la historia del Western donde en un primer plano observamos la secuencia de un pistolero disparando sus armas hacia los espectadores, lo cual causó una impresión similar a la construida por los hermanos Lumiére cuando el tren parece arrollar a los cinéfilos o la ya clásica película de Buñuel El perro andaluz, donde también en primer plano es literalmente cortado el ojo de una actriz.

A partir del éxito del Gran robo del tren, las futuras generaciones de directores de cine abrevaron en esta particular iconografía un gran campo fértil de experimentaciones y variaciones, que contribuyeron a ensanchar el vuelo de la imaginación popular, que permitieron momentos alucinantes donde los espectadores se transmutaban por un momento en aquellos héroes o villanos que a todo galope cruzaban las llanuras del salvaje oeste.

[imgsize 392 330×200 class=’contornol’ alt=»]Héroes, villanos, sombreros tejanos, ponchos, gabardinas, chalecos, cantinas, ranchos, diligencias, desiertos, balazos, persecuciones, paisajes áridos y hoscos, llanuras y praderas, los caballos y el tren como actores y medios fundamentales de transporte, y la música como componente fundamental para ambientar las escenas de paisaje y sobre todo las más dramáticas, son elementos que adquirieron cartas de identidad en las películas del Oeste.

El Western a pesar de que en sus orígenes representaba la odisea de los colonos norteamericanos durante el siglo XIX, con el tiempo los argumentos cinematográficos asimilaron otras características de dicho contexto histórico y se fueron extendiendo a otros ámbitos de la vida social, ampliando la complejidad de la época, penetrando en el oscuro campo de la psicología de los personajes, cuyo comportamiento oscilaba permanentemente entre los delgados márgenes del bien y el mal.

Y es que el Western al estar ambientado la mayoría de las veces en ciudades sin ley, en territorios inhóspitos, inexplorados o indómitos bajo el acecho y acoso de los indios y de los rufianes, convertían a sus pobladores en seres participes de un modo de vida en permanente disputa y confrontación, donde en muchos casos la fuerza definía la posibilidad de sobrevivencia. Es también característico de Western la representación de la coexistencia no tan pacífica entre aquellos pobladores cuyo ideal era el trabajo, el hogar y la vida tranquila, y la de aquellos personajes malvados que a través del terror subyugaban a los habitantes de los viejos condados. Y como corolario en la mayoría de las tramas encontramos al héroe justiciero, el caza recompensas, el pistolero “bueno”, el contrapeso de los malosos.

Si usted no ha tenido la oportunidad de adentrarse en este fascinante mundo del Western, puede allegarse algunos de los filmes clásicos como La diligencia (1947) y La pasión de los fuertes (1939), de John Ford, piedras angulares del buen “cine de vaqueros”. Los ríos de Howard Hawks (Rio Rojo y Río Bravo). No le caería nada mal disfrutar Cuando una mujer se atreve (1943) de Albert S. Rogell y Hogueras de pasión (1945) de Joseph Kane, protagonizados por el icono del Western John Wayne.

Otros Westerns imprescindibles dignos de admirarse son: Tráiganme la cabeza de Alfredo García (1974) y la Pandilla salvaje (1969) de Sam Peckinpah; Duelo al sol (1946), de King Vidor; Winchester 73 (1950), de Anthony Mann; Refugio de malhechores (1952), de Fritz Lang, Cuatro por Texas (1963) y Veracruz (1954), de Robert Aldrich.

Igualmente importantes son aquellas películas que usted no debe perderse, y que fueron aderezadas con cierta dosis de ironía y divertimiento para regocijo de los espectadores, y que se les denominó el Spaghetti Western, cuyo director más renombrado fue Sergio Leone, el cual tuvo como actor de cabecera al genial Clint Eastwood -a su vez director y actor del excelente film Los imperdonables (1992)-.

La trilogía de Leone -Por un puñado de dólares (1964); Por unos dólares más (1965) y El bueno, el malo y el feo (1966)- aunados a la también aclamada película Erase una vez en el oeste (1984), son consideradas entre las mejores de este género cinematográfico. Compruébelo usted mismo, rente, compre, consígalas en el ciberespacio o pídala en préstamo a sus amigos, alléguese unas palomitas y unos refrescos y a disfrutar de este género que se niega a morir mientras exista imaginación, y ganas de ser el héroe de la película.