Y díganme, qué pasa cuando suena el teléfono, inmediatamente, caras largas,
Boca torcida, ojos renegados y reclamos, ¿quién es, que quería?
“·%%$$a cómo sigue fregando esa. Y comenzamos a escuchar una serie de ofensas innecesarias. Y digo innecesarias, porque eso No es amor.

Luego, revisan nuestro celular, el menú, las llamadas de entrada y de salida, los mensajes… y hasta las cuentas del banco. Y que no se nos ocurra poner bonita, mi nena, mi reina, porque es un pleito seguro, ahora debemos de escribir, bruja, gato, perro, sombrilla, luz agua, teléfono, para que se desanimen y no registren nunca más nuestro, nuestro, nuestro, nuestro celular.

No, no me parece correcto tener que soportar los celos de nada ni de nadie, pero una cosa es el consejo y otra la acción, por amor propio debemos de recuperar nuestro derecho de personalidad, nuestro derecho a tener amigos, compañeros de trabajo, clientes y sobretodo intimidad; tanto que nos tardamos en ser adultos, en mancipar, (liberarnos) del mando de nuestros padres para caer en otro lugar peor el yugo de la pasión, de esa pasión que nos daña, que nos hace tímidos, miedosos, faltos de voluntad, cobardes, los celos no son inseguridad en la persona los celos son envidia, envidia pura y falsa vanidad, vanidad que nos daña y que arruina nuestra vida personal.

Por ahí tengo un buen amigo que ya no visita ni a sus padres, hermanos, hijos, ni amigos; pues a todas partes tiene que ir con ella y sus caprichitos, así como las escenitas de celos. Mejor ya no va con tal de no provocar los celos de su manipuladora mujer.

¡Ánimo querido lector! libérese, luche, triunfe, solo por hoy cómprese una loción fresca, un pantalón precioso, si es mujer, píntese el pelo, cómprese ese vestido hermoso, ese collar y ese perfume que no necesita pero que le gusten tanto. Póngale saldo a su celular y platique con quien le de la gana que al fin esa mujer o ese hombre que tanto lo cela ó la cela de seguro lo va a dejar. y sabe por qué, porque el amor verdadero todo lo cree, todo lo espera, todo lo perdona, el amor cela pero no envidia. No se llena de vanidad, no manipula.

En estos tiempos hay tantos problemas que tener una pareja envidiosa, celosa y vanidosa, créame no vale la pena. Pero cada quien sufre y aguanta lo que quiere sufrir. Y no le tenga miedo a la soledad la soledad también es libertad, y es mejor estar sólo, ser libre, que vivir preso sin platicar con nadie, sin hablar con nadie por celos de nuestro carcelero, que no nos deja, vivir en paz. Los celos no son inseguridad, son envidia pura de un hombre o de una mujer que siempre quieren más, más y más que nos amarga la vida y que no nos deja ni respirar.

Los celosos no están conformes con la vida, todo les parece poco por eso celan y celan y celan; pero cuidado lo pueden amargar a tal grado que lo hagan enfermar ó fracasar. Hasta pronto…